
Hace algún tiempo que no escribo en el blog sencillamente porque la vida va más rápida que yo. Pero es en mi vida cotidiana con sus avatares que Jesús está y llama a mi vida, me despierta, me interpela y se me manifiesta como compañero.
Estoy convencida que todos necesitamos de una vida interior. La vida interior no es una sombra de claustro monástico sino una realidad necesaria al mundo moderno. Es maravilloso reconocer en los demás, por encima de la calificación de criterios, el signo de Dios presente, la grandeza del ser humano, cualquiera que sea su envoltorio. En la aparente superficialidad de mucha gente hay signos de la presencia de Dios. Dan ganas de gritar: ¡Fíjate, es él!, ¡ y no le habíamos conocido!
Muchas veces escucho en mi interior la pregunta repetida de: ¿Quién es Dios?. Y me voy contestando una y otra vez en esta maraña de actividad y de humanidad no siempre redimida: Alguien que te acompaña de por vida, alguien que está contigo.
A Jesús le interesan mis conversaciones con él aunque le hable de la gente que dice que no práctica, que no cree en él ni lo necesita, … Cuando hablo con ellos/as siento que quieren ver a Jesús y lo miran vestido de calle, preocupándose e interesándose por sus cosas, en el estar cómodos sin ser interrogados, … Ese variopinto mundo que me rodea me sorprende cada día. Jamás una tarde se parece a otra, un hombre a otro. El capricho de Dios, el hombre, es irrepetible.
La vida ha cambiado mucho y me asusta ver tanta Iglesia cerrada, tanto claustro vacío. Echo de menos una puerta abierta en la que entras sin llamar y alguien está ahí para decirte: ¿Qué quieres, que necesitas? Como si fuera la voz del maestro en las palabras más cotidianas, más sencillas. NO NOS DAMOS CUENTA DEL VALOR DE LA PUERTA ABIERTA, LA ACOGIDA. En nuestra Sociedad toda la información se despersonaliza, la mandamos a internet. Consulte nuestra página Web, decimos, y nos quedamos tan anchos.
La imagen del Dios cristiano necesita rostros y palabras. Me pregunto, ¿por qué se han alejado de nosotros los jóvenes inquietos? Si las ONG están llenas, por qué las Iglesias vacías. Nos pasa como con los hijos cuyos padres están siempre ocupados en lo suyo y no tienen tiempo: se nos han ido de casa. No nos conocen y no pueden querernos. Nuestro mensaje no es el suyo, nuestro hábitat no es el suyo, nuestros intereses no son los suyos.
Me impresiona la escena de Emaús y el caminante, cuando lo conocieron al partir el pan, cuando estaban contentos en su compañía, cuando hay tanto desconocido que es amado en la paz de una sobremesa larga, en el apretón de manos extendidas,… La vida interior tiene que ver con la profundidad en las cosas naturales y diarias.
A veces me pregunto en mis relaciones cotidianas: ¿Habré conseguido decirle algo de Dios? Nuestros caminos se encuentran con él en el Emaús de cada día, “haciendo camino al andar”.
Siempre pensamos que la vida interior no cabe en una mente agitada de nuestro tiempo y no puede convivir con el móvil, ordenador, tarjetas de visita… Puede, pero con una condición: ESTAR CONECTADA CON MI INTERIOR. Necesito tiempo de silencio y oración para encontrarme sentada en la habitación oculta de mi ser donde Dios y yo cohabitamos, nos entendemos, hablamos de nuestras cosas y entonces salgo fortalecida. Salgo de mi habitación con nuevos bríos para jugar el partido de la vida y veo las cosas con otro prisma.
Te lo aconsejo: la vida interior es la mejor solución para las mentes y los cuerpos cansados y afligidos.
Feliz día, Teresa Romo, rscj