Cuando parece que solo el éxito y el triunfo son reconocidos, cuando rechazamos lo aparentemente inútil o defectuoso, la Curesma nos recuerda que el camino de la cruz no es un camino de rosas pero está lleno de vida,de gestos, de compromisos. Vivir la cruz, compartirla, sostenerla nos hace amantes de la vida y nos empuja a posibilitarla allí donde languidece.
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